
PACHUCA, Mex (SPNET).- A todos los que odiamos al América nos ha dado un gusto enorme que se queden con el subcampeonato del torneo de apertura 2007. Que la despedida del ícono amarillo Cuauhtemoc Blanco, sea amarga, pese al soberbio gol que puso a temblar al otrora estadio Hidalgo, hoy Huracán. Que las ventas por la nueva camisa azul del 10 con la leyenda “eres grande” no vayan a ser tan altas. Y que la banca y placa (así de emblemático es este medio futbolístico) en honor al Temo sea sólo para los pocos que tienen acceso al nido de Coapa y no para los aficionados que lo han hecho ídolo.
El Temo se va al Chicago Fire. El Pachuca se queda con el campeonato.
Lo más absurdo de este campeonato son las declaraciones finales de los integrantes del equipo tuzo. Son campeones de América Latina, van al mundial de clubes y ganan el campeonato del torneo de apertura con autoridad. Son el mejor equipo de la temporada y han conseguido su quinto campeonato, dos en un año.
Si esto no es un logro, entonces que esperar de ese bajo perfil con el que a veces se manejan jugadores y entrenador que, en este caso, le corresponde a Enrique Meza, quien sumó su cuarto campeonato, cosa que no muchos entrenadores han logrado.
Miguel Calero no pudo sostener que son el mejor equipo en la actualidad, simplemente dijo que se había “dado un paso muy importante” pero nunca dijo hacia qué o por qué.
Enrique Meza terminó diciendo que el mérito era de los jugadores y que el campeonato era “circunstancial”, agradeció hasta el perico del apoyo y entre ellos a Guillermo Álvarez, presidente del club Cruz Azul, a quien por cierto, deben quemar en leña verde los aficionados azules por el multicitado caso de Carmona.
Damián Álvarez, motor de la victoria tuza al concretar un soberbio pase a gol, dijo que necesitaban seguir “trabajando”. Y todos los que estábamos felices porque el Pachuca venció al América terminamos apagando el monitor y pensar en el macho Hugo Sánchez.
El término humildad significa bajeza de nacimiento o de cualquier otra especie.
La pregunta es la siguiente: Con todo lo que ha conseguido la organización de Pachuca, sobresaliente en algunos aspectos ¿ser humilde no resulta ser absurdo?
El caso contrario es el macho Hugo Sánchez, el mejor jugador mexicano de todos los tiempos al que llaman “Ego Sánchez” porque él mismo se ha encargado de ser su promotor de todos los éxitos cosechados en su trayectoria de jugador y ahora técnico nacional, cuyo “nacionalismo pop” es evidente cada vez que tiene la oportunidad de hablar.
Los dos casos son absurdos. El de Pachuca por esa “humildad” chocante. La del macho, por esa “soberbia” publicitada. La única diferencia es que el perfil del Pachuca les permite transitar con mayores adeptos y mejor recibimiento del público mexicano.
Al parecer, a los mexicanos no nos gusta que nos presuman. Preferimos como el Pachuca, humildes y dejar la soberbia al Marqués de Peña, aunque eso sea derrotar al más odiado rival de millones de mexicanos, el América y su ídolo el Temo…
El Temo se va al Chicago Fire. El Pachuca se queda con el campeonato.
Lo más absurdo de este campeonato son las declaraciones finales de los integrantes del equipo tuzo. Son campeones de América Latina, van al mundial de clubes y ganan el campeonato del torneo de apertura con autoridad. Son el mejor equipo de la temporada y han conseguido su quinto campeonato, dos en un año.
Si esto no es un logro, entonces que esperar de ese bajo perfil con el que a veces se manejan jugadores y entrenador que, en este caso, le corresponde a Enrique Meza, quien sumó su cuarto campeonato, cosa que no muchos entrenadores han logrado.
Miguel Calero no pudo sostener que son el mejor equipo en la actualidad, simplemente dijo que se había “dado un paso muy importante” pero nunca dijo hacia qué o por qué.
Enrique Meza terminó diciendo que el mérito era de los jugadores y que el campeonato era “circunstancial”, agradeció hasta el perico del apoyo y entre ellos a Guillermo Álvarez, presidente del club Cruz Azul, a quien por cierto, deben quemar en leña verde los aficionados azules por el multicitado caso de Carmona.
Damián Álvarez, motor de la victoria tuza al concretar un soberbio pase a gol, dijo que necesitaban seguir “trabajando”. Y todos los que estábamos felices porque el Pachuca venció al América terminamos apagando el monitor y pensar en el macho Hugo Sánchez.
El término humildad significa bajeza de nacimiento o de cualquier otra especie.
La pregunta es la siguiente: Con todo lo que ha conseguido la organización de Pachuca, sobresaliente en algunos aspectos ¿ser humilde no resulta ser absurdo?
El caso contrario es el macho Hugo Sánchez, el mejor jugador mexicano de todos los tiempos al que llaman “Ego Sánchez” porque él mismo se ha encargado de ser su promotor de todos los éxitos cosechados en su trayectoria de jugador y ahora técnico nacional, cuyo “nacionalismo pop” es evidente cada vez que tiene la oportunidad de hablar.
Los dos casos son absurdos. El de Pachuca por esa “humildad” chocante. La del macho, por esa “soberbia” publicitada. La única diferencia es que el perfil del Pachuca les permite transitar con mayores adeptos y mejor recibimiento del público mexicano.
Al parecer, a los mexicanos no nos gusta que nos presuman. Preferimos como el Pachuca, humildes y dejar la soberbia al Marqués de Peña, aunque eso sea derrotar al más odiado rival de millones de mexicanos, el América y su ídolo el Temo…
1 comentario:
En nuestro país lamentablemente existe una gran confusión entre los términos orgullo y soberbia; humildad y... no se, tal vez modestia, pero me gusta más sencillez. Concuerdo en que a los Super Tuzos no les queda ser "humildes". Deben estar muy orgullosos de... el gran esfuerzo, el inteligente esfuerzo que sin duda han realizado. El mismo que les ha permitido obtener tan magníficos logros, y servir de ejemplo para todos nosotros. Pero que ese orgullo no se vuelva soberbia. Y menos esa soberbia enfermiza de los Temos o de los Hugoles. Que conserven la sencillez propia de los grandes, de los verdaderamente Grandes Hombres. Bueno, y si les gusta de veras ser "humildes", que se pongan huaraches y hábito y se enrolen en las huestes de San Francisco. Digo, ¿no?
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